No a la guerra … ni a la OTAN en Europa del Este

Opinión 14 de marzo de 2022 Por Equipo AraucaniaDiario
Dr. Juan Enrique Serrano Moreno, Académico del Departamento de Ciencias Jurídicas, Director del Centro de Investigación sobre Desafíos Internacionales, Universidad de La Frontera.
Juan-Enrique-Serrano UFRO
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La invasión rusa de Ucrania ha provocado la repulsa de la mayoría de los gobiernos democráticos al suponer una flagrante violación del derecho internacional realizada por un régimen autoritario ultranacionalista. Sin embargo, desde la perspectiva de las relaciones internacionales, esta lectura exige una problematización que vaya más allá de la condena acrítica realizada en nombre del liberalismo occidental.

Si bien es altamente probable que Putin sea considerado un criminal de guerra en un futuro cercano, el gobierno ruso no es el único responsable de la situación actual. No pocos analistas han criticado la inoperancia de las diplomacias estadounidense y europeas para resolver un conflicto iniciado en 2014 cuya escalada era perfectamente plausible.

Filtraciones de documentos oficiales informan que EE. UU. y los países europeos, en sus negociaciones con Rusia, se opusieron a cualquier alternativa a la adhesión de Ucrania a la OTAN. Esta postura es difícilmente comprensible si lo que se pretendía era proteger la libertad y soberanía del pueblo ucraniano.

Rusia lleva décadas advirtiendo la extensión de la OTAN a sus fronteras representa una amenaza para su seguridad y por ende un casus belli. Por esta razón, Finlandia y Suecia, países miembros de la Unión Europea nunca se plantearon adherir a la OTAN. No olvidemos que la instalación de misiles soviéticos en Cuba llevó al mundo al borde de una guerra nuclear en 1962.

Siguiendo esta lógica, cabe preguntarse cuál hubiera sido la reacción de EE. UU. si México, por poner un ejemplo, adhiriera a una coalición militar liderada por China y Rusia. Otro aspecto no menos relevante es el apoyo de China a Rusia en este conflicto.

Es de esperar que durante la próxima década el suministro de gas y petróleo ruso se redirija de Europa al gigante asiático. El tiempo dirá si asistimos o no al inicio de una alianza militar a largo plazo entre Rusia y China. De ser el caso, una escalada de las tensiones militares entre OTAN y Rusia en suelo europeo podría propiciar un endurecimiento de la postura China con Taiwán de consecuencias geopolíticas impredecibles.

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