Los 77 héroes de la Quinta Pomona
Los Héroes de La Concepción fueron 77 soldados chilenos del Batallón Chacabuco, que dieron su vida defendiendo la bandera chilena los días 9 y 10 de julio de 1882, en la sierra peruana, negándo a rendirse ante fuerzas superiores, en la Guerra del Pacífico.
Liderados por el capitán Ignacio Carrera Pinto, su sacrificio es un símbolo máximo de valor, recordado cada 9 y 10 de julio, cómo 77 chilenos se enfrentaron a más de 1.500 hombres entre soldados peruanos y montoneros indígenas.
Estos jóvenes, cuyo promedio de edad era de 20 años, representa el compromiso máximo con la Patria, prefiriendo la muerte antes que la rendición. Sus corazones fueron rescatados y traídos a Chile para honrar su memoria, siendo un ejemplo fundamental para el Ejército.
La batalla de la Quinta Pomona
De igual manera, pero enfrentando a los chilenos, establecidos para efectos de la fundación de Temuco, en el fuerte construido a orillas del río Cautín, más o menos 75 jovenes guerreros mapuche (weichafes) y 3 caciques, cayeron en combate a tan solo unas cuadras de lo que hoy es la estación de trenes y también, de la plaza de armas de la capital regional.
En ese entonces, para el chileno, el mapuche era el enemigo y estábamos en guerra. Una guerra impulsada por la ambición y necesidad del Estado, de anexar esta zona del país y a su vez, de dar continuidad por tierra al territorio chileno, aunque en realidad la codicia y el dinero rápido, fueron la pólvora más eficiente para percutar la guerra contra nuestros coterráneos, a quienes desde tiempos de la corona española, se les respetaba como iguales.
Pues bien, la mañana del 10 de noviembre de 1881, según los testimonios de la época, un contingente de aproximadamente 1.400 mapuche se aprestaba a atacar el fuerte de Temuco, muy bien resguardado por carabineros y militares, además de civiles e "indios" -como los llaman los libros de la época- a favor del Estado chileno o "yanaconas", como se les dice coloquialmente entre los mapuche hasta el día de hoy.
Las armas
Por el lado de las huestes mapuche, el arma primordial eran las lanzas de gruesos coligües afilados, con la cual atravesaban incluso caballos, así que chilenos y soldados también.
Por el lado del contingente chileno, la cosa era radicalmente distinta y desigual. Aquí un detalle de la época, narrada por el historiador Leandro Navarro, en su Crónica Militar de 1909.
"El batallón 5.° de línea cuando llegó a la frontera en 1859, aun traía todavía fusiles de chispa. El rifle de precisión i retrocarga Comblain N.° 2 (modelo Belga) solo fué introducido en 1874. La caballería usaba al comienzo de estas campañas, la pesada tercerola i el sable afilado .. Pronto tuvo después la carabina Spencer i solo a principios de 1870, la carabina Winchester.
Pronto tuvo después la carabina Spencer i solo a principios de 1870, la carabina Winchester
La artillería, usaba el cañón de bronce, francés, calibre 4 i 12 para los da montaña i campaña. Aparte de los obuses de calibre 12 i 16 libras, que por su menor peso i fácil atalaje a lomo de mula eran los mas usados en las campañas (sic)", dice el texto de comienzos del siglo pasado.
Batalla desigual
Así y como se puede apreciar, la batalla era desigual, lanzas contra carabinas de múltiples disparos, tal vez una que otra boleadora, mazos y flechas de madera, contra cañones.
"¡Muchachos, la contienda es desigual, pero ánimo y valor!", decía nuestro héroe Arturo Prat Chacón tan solo dos años antes, justo antes de enfrentar con la noble Esmeralda al acorazado Huascar, sabiendo que no tenían ni una posibilidad.
De igual manera y no obstante su coraje y astucia, el ejército de mapuche que acechaba el fuerte de Temuco, no tenía ninguna esperanza de salir vencedor. Pero de igual manera lucharon y en lo que fue llamada después la Quinta Pomona, hoy en el sector Santa Rosa, cayeron por decenas ante el rifle del chileno invasor.
Los 77 héroes de Pomona
"... al amanecer del 3 de noviembre llegaron las noticias de la gran rebelión postrera que recorría los campos rodeando los fuertes cercanos y el dia 5 Temuco amaneció rodeado de 1.800 lanzas amenazantes que al mando de Marinao estaban bloqueando el fuerte para impedir que se enviasen refuerzos a otros sitios.
Al fin llegaba el momento de la prueba definitiva y decididos a todo, también los chilenos salieron resueltos a romper el cerco, el dia 10 un cuerpo armado al mando de José Manuel Garzo rompía el cerco en temible carga de caballería y salía por la brecha hacia el norte. ¿Era una estratagema de los sitiadores? Así parece, porque cuando Garzo y sus batallones se habían alejado lo suficiente hacia el norte, el grueso de los indigenas atacaba el recinto militar donde felizmente los rechazó el Mayor de Carabineros Bonifacio Burgos que inmediatamente los persiguió hasta la bajada de Santa Rosa, dándoles alcance en un sitio cercano, entre el antiguo campamento y lo que es hoy día la Quinta Pomona.
Allí quedaron como resultado de la refriega 75 indigenas muertos y tres caciques venidos desde Llaima a las órdenes de Cotar
Allí quedaron como resultado de la refriega 75 indigenas muertos y tres caciques venidos desde Llaima a las órdenes de Cotar. Desde entonces y antes de la existencia del barrio Santa Rosa ese sector se conoció como el barrio de La Matanza o de La Mortandad", relata el escritor Eduardo Pino Zapata, en su "Historia de Temuco".
Apoderarse de Temuco
"Lo que había ocurrido en Temuco era una intentona de apoderarse de esa plaza o aislarla por un número de 1,400 indios que la rodeaban para que no pudiera dar ausilio a ningún otro fuerte amagado ...
El dia 10 a las 8 A. M. salía el comandante del Bio-Bio don José Manuel Garzo como a tres kilómetros de la plaza a batirlos. El enemigo rehuye este combate, i creyendo abandonado el fuerte, carga impetuosamente sobre él; pero ahí les salió de frente el mayor de Carabineros don Bonifacio Burgos, matándoles 27 indios.
Como a la 1 P. M., el mismo mayor Burgos con 75 carabineros, les atacó nuevamente i les persiguió mas de una legua, en cuya persecución murieron tres caciques de Llaima i 55 mocetones. Burgos tuvo un soldado muerto i otro herido, "perdiendo él mismo su caballo, muerto de una lanzada" (sic)", agrega Leandro Navarro, en su Crónica Militar de 1909.
No fue una matanza
Sin embargo, reducir aquella entrega, aquel sacrificio en el campo de batalla, a una simple matanza, sería como seguir escribiendo la historia con la pluma del ganador, minimizando la gesta heroica, la entrega total, dando la vida por ser necesario.
Sería rendirse y capitular en lo único que nadie puede ganarle a los oprimidos, en lo único que nadie puede borrar, en lo único que es nuestro y que nadie nos podrá nunca quitar: nuestra memoria colectiva, las historias que permanecen inmutables en la veracidad del mito, en la verdadera narrativa que va de boca en boca, y de escrito en escrito, tal vez.
La Batalla de Pomona es donde se asimila el Ejército Chileno al Pueblo Mapuche, que en una guerra sin cuartel, terminan aniquilándose en una gesta heroica como la batalla de La Concepción. Una para el Pueblo Mapuche, la otra para el Pueblo Chileno, que en distintos lugares supieron del mismo honorable fin.
A los que se aprovechan o sacan provecho, déjense de lloriquear por esa supuesta "matanza" y salgan a destacar, celebrar y conmemorar con hidalguía y honor, aquel sacrificio de 77 hermanos mapuche por su causa, con honor. Sus nombres son los que hay que recordar, pero no están ni quedarán escritos en la historia; oportunidad tal vez para volverla a narrar.
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Alfredo Kameid, gerente general de Grupo Kameid.