Las hormonas también son cosa de hombres

Maricela Pino, directora Escuela de Obstetricia y Puericultura Universidad de Las Américas.
Maricela Pino

Durante mucho tiempo, las hormonas parecían tener una sola protagonista. La conversación pública naturalizó su relación con las mujeres y la menopausia, mientras que el envejecimiento masculino quedó reducido a canas, arrugas o pérdida de fuerza. Sin embargo, el cuerpo de los hombres también cambia. Lo hace de manera distinta, más silenciosa, pero no por ello menos relevante. 

Hay quienes atribuyen el cansancio frecuente, la disminución de energía, el aumento de peso, la pérdida del deseo sexual o los cambios en el estado de ánimo, simplemente al paso de los años. No obstante, en algunos casos, estos síntomas pueden corresponder al hipogonadismo de inicio tardío, conocido popularmente como andropausia. 

A diferencia de la menopausia femenina, no existe un momento exacto que marque un antes y un después. La testosterona disminuye de forma gradual y los síntomas aparecen lentamente, pudiendo llegar a confundirse con el estrés, el exceso de trabajo o el sedentarismo. Esa mezcla de factores explica por qué muchos hombres consultan tarde o nunca, y por qué el diagnóstico sigue siendo un desafío. 

Lejos de ser excepcional, la evidencia indica que se trata de un problema frecuente y, al mismo tiempo, poco reconocido. Una revisión sistemática estimó que entre un 30% y un 40% de la población masculina mayor de sesenta años, presenta síntomas compatibles con este cuadro. Esto, más allá de la vida sexual, puede afectar la composición corporal, el estado de ánimo, la vitalidad y calidad de vida. 

Tampoco podemos reducir la conversación a una sola hormona. Dormir adecuadamente, mantener un peso saludable, realizar actividad física y controlar enfermedades como la diabetes y la obesidad, contribuyen a la salud hormonal. Cuando los síntomas persisten, la respuesta no está en los suplementos que prometen recuperar la juventud, ni en la automedicación, sino en una evaluación clínica que permita distinguir entre el envejecimiento normal y una condición que puede beneficiarse con un tratamiento adecuado. 

Quizás el mayor problema no sea la disminución de la testosterona, sino el silencio que todavía la rodea. Durante años se asumió que los hombres debían aceptar ciertos cambios como una consecuencia inevitable de cumplir años. La evidencia invita a una mirada distinta: comprender cómo envejece el organismo también forma parte del cuidado de la salud. Porque las hormonas, después de todo, nunca han sido un asunto exclusivo de las mujeres.

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