El “acuerdo” entre los senadores PPD y el ministro Quiroz
Como es sabido el gran filósofo Friederich Hegel, hizo un distingo importante en relación a la función de la conciencia humana entre el Entendimiento y la Razón. El primero se refiere a la forma cómo entendemos la realidad a partir de las nociones mediadas por la tradición que compartimos y de las cuales tratamos de derivar “leyes” universales. El segundo se refiere a la capacidad de la conciencia humana de poner en suspenso o negar las concepciones que están engravadas en nuestro sentido común que incluyen las generalizaciones con las operamos en nuestra vida social, política y económica. En el caso -motivo de estas líneas- del acuerdo entre los senadores del Partido por la Democracia (PPD) y el gobierno encabezado por el ministro de Hacienda Quiroz, las transacciones inmediatas y formales se generaron a partir del “Entendimiento” abstracto (parcial) y no en función a la Razón que se orienta a la superación de las contradicciones de fondo presentes en esta trama.
Los suscriptores del acuerdo argumentan que éste ofrecería una oportunidad cierta para que el país crezca económicamente. No obstante, este argumento es parcial, toda vez que no pone en el tapete el riesgo que ello significa para el financiamiento de las políticas públicas que afectan y afectarán a la gente en el mediano y largo plazo. Este pacto (senadores PPD – Hacienda) funciona bajo la lógica limitada del Entendimiento; esto es, un burdo intercambio táctico y coyuntural que tiene por propósito limitado bajar los plazos de la invariabilidad tributaria (pero manteniendo la idea) a cambio de votos legislativos y de una tasa menor. Esto en verdad no es ninguna “síntesis” que ‘supere’ la contradicción de fondo entre la necesidad de recaudación fiscal para fines sociales y la protección de las tasas corporativas privadas.
Desde la óptica de la Razón hegeliana, el acuerdo es una tregua precaria y puramente mecánica. Lejos de orientarse a la reconciliación armónica de las grandes mayorías de la nación, el “pacto” pone de relieve cómo los intereses particulares de la sociedad civil económica continúan fragmentando el interés general del Estado. Asimismo, evidencia los intereses particulares de los parlamentarios, que se rinden ante la hegemonía económica, abriendo nuevas pugnas dialécticas que se expresan en los anuncios de impugnación constitucional ante el Tribunal Constitucional.
Entonces, desde la perspectiva de la Razón hegeliana, el acuerdo entre los senadores PPD y el gobierno Kast/Quiroz que “flexibiliza”, pero mantiene, la invariabilidad tributaria, relativamente más reducida (10 a 20 años según tramo de inversión, incluyendo una sobretasa del 1,5%), no se sostiene como una síntesis racional definitiva, sino como un momento de contradicción abstracta e inestable dentro del desarrollo del Estado.
La Razón, desde esta perspectiva, no es un mero cálculo pragmático de beneficios económicos mutuos, sino la realización de la voluntad universal en la prosecución del ‘bien común’ dentro del Estado; esto es, el tránsito desde la idea al espíritu objetivo, en palabras de Hegel.
Este acuerdo, en el marco de este pensamiento, pone de relieve los siguientes “quiebres” o contradicciones no resueltas y, por tanto, lejos de una pretendida reconciliación en torno al bien común:
(1) El “quiebre” entre el bien común y la fragmentación partidaria. Aquí se produce una contradicción dialéctica. Al pactar por separado los senadores PPD rompieron la unidad de la oposición. Esto provocó que la propia Mesa Nacional de este partido, presidido por el diputado Raúl Soto, alcaldes y juventud partidaria desahuciaran el pacto. En tal condición no existe un avance racional real porque el acuerdo carece de “eticidad”, de la “vida ética” que hace a las personas sentirse como en su casa en la sociedad en la viven. Toda vez que el “pacto” no representa una voluntad colectiva cohesionada. Así, el pacto nace careciendo de legitimidad política interna universal y profundiza el conflicto en vez de superarlo.
(2) Los Contratos–Ley enfrentados a la soberanía del Estado universal. En la perspectiva del análisis hegeliano con el que se argumenta en estas líneas, es importante formular una crítica firme respecto a subordinar las prerrogativas del Estado a las lógicas del derecho privado corporativo (la “sociedad civil” mercantil). La invariabilidad tributaria -morigerada en el acuerdo de bajar de 25 años a 10 años- amarra la soberanía fiscal futura de la nación a través de contratos específicos con grandes inversores privados. En este enfoque el Estado está jerárquicamente por sobre de los intereses del mercado. Reducir la capacidad reguladora de la soberanía pública a cambio de compromisos con el capital financiero privado rebaja y minimiza el rol preponderante del Estado y lo sitúa en un rol subalterno de mero árbitro de transacciones mercantiles. Así la Razón social se aliena en favor de la acumulación capitalista privada.
(3) Y, finalmente, una falsa síntesis. El Entendimiento contra la Razón. Como se señaló al comienzo de estas líneas, existe una demarcación fundamental entre el Entendimiento y la Razón en el pensamiento hegeliano. La aspiración de los ciudadanos es que entre los políticos prime la Razón. Si no, puede que el monstruo devore a sus creadores, si se obra con una lógica que, al final del proceso, termine por invalidar las premisas iniciales con las que se entusiasmaron los pactantes. La síntesis significa aprender la lección. Al final, es importante tener en cuenta “la astucia de la razón”: aunque cada cual se desgaste en conseguir sus intereses particulares y se generen conflictos que pudieran haberse evitado, muchos de ellos “perecerán”, mientras que la Razón universal permanecerá.