Siempre es triste y difícil escribir cuando un ser querido se va, más aún si él ha dedicado hacia uno, lo más preciado que tiene un ser humano: su tiempo.
Don Juan Pablo, como lo conocimos y le decíamos muchos, pese a que instaba a que lo tuteáramos, tenía un especial cariño por su creación —en conjunto con don Agustín—, el Magíster de Prensa Escrita de El Mercurio. En la sala especialmente acondicionada para los estudiantes, donde más de la mitad eran extranjeros, vivimos con él jornadas extensas que a veces llegaban hasta las 11 o 12 de la noche, mientras sacábamos el ejemplar —de creación nuestra— que sería calificado y entregado a los de arriba, para su revisión. Sin necesidad alguna, porque teníamos docentes, Don Juan Pablo nos acompañaba y guiaba en nuestras redacciones y hasta en la edición de cada publicación, aportando con puntos de vista, facilitando entrevistas, trayéndonos notables entrevistados. Y me voy a referir sólo a dos.
Don Patricio Aylwin, exPresidente de Chile y Juan Pablo Cárdenas, premio nacional de periodismo y uno de las 100 personas más influyentes del mundo en el siglo XX. Ambos, por supuesto, de una corriente ideológica o política distinta a la de Él. Ambos, con notorias palabras de afecto hacia su persona, ya que si bien es cierto, nos decía que en este oficio no se puede tener amigos, muchos llegábamos igual —con afecto— a él.
Por supuesto que Don Patricio vino sólo porque se lo pidió Illanes y nos entretuvo y confidenció datos e historias de la dictadura que a muchos asombraron, como cuando el general Augusto Pinochet, siendo Aylwin Presidente le dijo: "Patricio, nadie te va a cuidar de estos lobos mejor que yo". "Y tenía razón", nos agregó Don Patricio Aylwin en esa entrevista. Pero eso sólo es anecdótico. Lo más interesante vino de Cárdenas, que también vino a la sala de magíster sólo por él.
Juan Pablo Cárdenas partió contándonos cómo, cada vez que en dictadura lo mandaban a detener, había decenas sino cientos de personas esperando y haciendo fila para irlo a ver. Pero todo cambió una vez que ganamos la Democracia, nos contó. Poco después, lo detuvieron también, pero ahí no llegó nadie. Ninguno de los dirigentes de izquierda, nadie de los que publicaba antes, sólo su familia y ... Don Juan Pablo Illanes, quien lo fue a ver a la Penitenciaría y según nos contó Cárdenas, algo tuvo que ver con que luego lo pusieran en libertad.
Y así mil historias, pero ese era Don Juan Pablo Illanes y ese seguirá siendo para muchos de nosotros. Una persona dedicada, cariñosa, entregada y generosa, influyente e interesado en el bien común. Siempre tuve un consejo o una mano cuando la necesité y sólo puedo enfatizar, que fue mejor profesor aún. Lamento haber hablado con él hace más de un mes por última vez. Traté de ubicarlo insistentemente esta semana, pero nadie contestó. Estaría ya pensando su primera carta al verdadero Director, al de allá arriba, para ver si lo dejan entrar a trabajar en la redacción, porque también le gustaba escribir.
Ricardo Barría Dillems, editor, AraucaniaDiario.
Editorial de El Mercurio
En tiempos marcados por una hiperespecialización a menudo empobrecedora, la figura de Juan Pablo Illanes (1947-2026) destacó como una excepcionalidad, por la multiplicidad de sus talentos y aportes al país. Director de “El Mercurio” entre 1997 y 2006, fue durante décadas un pilar fundamental de esta casa periodística, pero también brilló en una diversidad de otros campos, desde la medicina y la salud pública, hasta la educación, las políticas sociales y el mundo de la cultura.