
"Mi bisabuelo era dueño de ... Temuco": la historia silenciada del lonko Huete Rucán

Benigna Rosa Troncoso Rucán, de la Comunidad Rucán, es bisnieta del Cacique Huete Rucan, dueño de lo que era el centro de Temuco, al ser fundada la ciudad hace 145 años. La historia de su familia no es relatada habitualmente y yace en el olvido que acomoda a la ciudad en la celebración de su aniversario, que con música de todo tipo -incluso de Illapu- acalla las voces de un pasado incómodo, a lo menos.
"Debo partir diciendo que todo este relato es oral, transmitido por mi madre, Rosa Rucan. Ella nació en Molco, comuna de Pitrufquén, el año 1922, hija de Juan Rucan, quien nació en Temuco el año 1887. Juan Rucan era descendiente directo del Cacique Huete Rucan, dueño de las tierras que fueron usurpadas por el Estado Chileno para fundar la ciudad de Temuco", dice Benigna Troncoso Rucán.
"Digo "el Estado Chileno" porque es bien sabido que los límites del territorio mapuche habían quedado claramente establecidos en parlamentos y reuniones con autoridades ancestrales, como caciques y loncos, con la Corona Española", agrega la mujer.
"La familia de mis antepasados era dueña de lo que hoy es la gran ciudad de Temuco. En ese entonces, era un lugar ambicionado y muy cotizado, estratégico para los invasores, quienes no tuvieron miramiento alguno. Mi familia fue engañada, masacrada y arrinconada en una pequeña y miserable porción de tierra para las innumerables familias que conformaban el lof de mi bisabuelo Huete Rucan. Esto los llevó a una pobreza extrema, a pesar de que Huete Rucan era una autoridad ancestral con un gran poderío económico", relata la bisnieta del lonco.
Panchita Ferreira
"Mi bisabuelo, el Cacique Huete Rucan, fue defendido tenazmente por una de sus esposas, llamada Panchita Ferreira. Ella fue escuchada en su momento por ser no mapuche, y denunció el engaño, la mentira y la traición por parte de los representantes del Estado Chileno", cuenta además.
La mujer, quien defendió a su esposo, había sido cautiva (secuestrada) y traída desde Concepción a los 8 años y creció junto al cacique, con quien finalmente se desposó.
"Mi madre, Rosa Rucan, nos relataba que mi abuelo, Juan Rucan, siendo aún un niño pequeño, fue perseguido por los chilenos invasores y, para salvar su vida, se vio obligado a huir de Temuco. Huyó con mi abuela montados en un caballo, cruzando a nado el río Cautín, presos del miedo y rendidos ante un poder genocida", relata la mujer.
Y dice que al crecer, su abuelo fue narrando a sus hijos los hechos ocurridos con su lof y su familia, producto de la ambición de los invasores chilenos, que no respetaron los acuerdos establecidos con el pueblo mapuche.
"Mi madre, Rosa Rucán, luchó siempre por recuperar algo de lo que le fue arrebatado. Realizó una búsqueda infructuosa y falleció en el año 1996 con la esperanza de que nosotras, sus hijas e hijos —que llevamos orgullosamente su sangre y su apellido—, continuáramos con esta gran tarea: la búsqueda de justicia", dice.
"Ella nos encomendó la misión de dignificar la memoria de nuestros ancestros, cruelmente masacrados y de exigir que se reconozca que sus restos no tienen un lugar de descanso en Temuco. El cementerio donde se encontraban hoy es una mole de cemento, calles, edificios y plazas. Un monumento y su nombre en la plaza principal podrían reconocer y dignificar, en parte, este brutal atropello ocurrido en el siglo XIX", manifiesta Benigna Rosa Troncoso Rucán.
Comunidad Rucán
"Así es como hoy entendemos perfectamente la lucha del pueblo mapuche. Mi mamá sentía mucho miedo por todo lo ocurrido y evitó enseñarnos a hablar nuestro idioma y mantener la cultura mapuche, por temor a la discriminación en las escuelas y en el trabajo", dice Benigna.
"El pueblo chileno invasor dejó huellas profundas en nuestra familia, sufridas por el despojo y la posterior fundación de Temuco, el 24 de febrero de 1881, en el corazón mismo de su preciada mapu", agrega.
"Temuco cumple 145 años. Si mi abuelo viviera, tendría 138 años, y mi mamá, 99 años. Por esta rama genealógica, somos los últimos descendientes con el apellido Rucán. Por eso hemos formado una comunidad, como debe entenderse, pues en nuestras tierras se asienta una ciudad: Temuco", señala la mujer.
El 17 de diciembre de 2015, con personalidad jurídica N° 2147, se crea la Comunidad Rucán, con 12 socios fundadores, que junto a los hijos y legítimos descendientes del Cacique Huete Rucan conforman un total de 22 personas que viven dispersos en Temuco. "La misma que vio nacer a mi abuelo en sus tierras", puntualiza Benigna Troncoso Rucán.
Arriendan en terrenos de sus antepasados
"Hoy, en esta última generación, todavía repercute el despojo, la usurpación y el genocidio y lo que implica en ello la memoria de mi bisabuelo Huete Rucan. En tiempos tan difíciles, 12 de los 15 socios de nuestra comunidad pagan altísimos arriendos para vivir en los terrenos que fueron de nuestros antepasados", dice la mujer.
"Parece increíble que, a pesar de todos estos sucesos, en pleno siglo XXI —cuando se supone que han avanzado los derechos, las reparaciones y los reconocimientos—, la Comunidad Rucan no tenga ni un mínimo espacio ni consideración en el Mercado Municipal de Temuco, que se encuentra en construcción", reclama Benigna.
"Ni siquiera se le ha otorgado un puesto para vender sus productos típicos. Asimismo, jamás ha existido el reconocimiento hacia mi bisabuelo, dueño de las tierras por donde a diario transitan miles de personas, sin que el nombre de Huete Rucan aparezca en alguna plaza o calle", finaliza la bisnieta del lonco Huete Rucán, quien fue expulsado de su ruca por los chilenos que hace 145, fundaron —en sus tierras— nuestra ciudad.
En 1894 el cacique Huete Rucán es radicado por el Estado chileno en el lugar Ralun Coyán, a la salida de Temuco hacia Cholchol y se le asignó el Título de Merced N° 299, otorgado a él y a 87 familias sobre la hijuela N° 145, de 430 hectáreas.


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