El suicidio en Chile: un llamado urgente a la reflexión y a la acción

Javier González, Académico U. Central sede Región de Coquimbo.

Opinión07/10/2025Equipo AraucaniaDiario SEquipo AraucaniaDiario S
Javier González

El suicidio es un fenómeno complejo y profundamente doloroso que afecta a miles de personas en Chile y el mundo cada año. Según datos recientes  (Llorca-Jaña et al., 2025), Chile presenta una tasa de suicidio especialmente preocupante entre jóvenes adultos y adolescentes, situándose como la tercera causa de muerte en estos grupos etarios. Esta realidad no solo refleja un problema de salud pública, sino también un desafío social, cultural y psicológico que demanda una mirada integral y comprometida.

En primer lugar, es fundamental entender que el suicidio no es un acto espontáneo ni aislado, sino la culminación de factores múltiples. La presencia de problemas de salud mental previos (personales o familiares), juega un rol central. Sin embargo, la presencia de otros estresores, como las presiones sociales, la desigualdad, la falta de oportunidades, y experiencias traumáticas como el acoso escolar u otras vulneraciones aumentan el riesgo.

En Chile, el estigma asociado a los trastornos mentales y la cultura del silencio en torno a los problemas emocionales dificultan la búsqueda de ayuda oportuna. A ello se suma la insuficiencia en la cobertura y calidad del apoyo psicológico y psiquiátrico en el sistema público de salud, especialmente en zonas rurales o vulnerables. Este doble muro —estigma y deficiencia en el acceso— agrava la invisibilidad del problema y reduce las posibilidades de prevención efectiva.

Otra arista crucial es el rol del entorno familiar, educativo y comunitario. El fomento de espacios seguros para dialogar sobre emociones, dificultades y sufrimientos debe ser una prioridad. La educación emocional desde temprana edad, la capacitación de docentes y profesionales de la salud, y la promoción de redes de contención comunitaria pueden marcar la diferencia para quienes enfrentan momentos de crisis. Se necesita que el mundo “adulto” esté presente y activo, ejerciendo su rol protector y contenedor, desplegando toda acción posible para visibilizar y reflexionar sobre este tema.

Frente a esta realidad, el Estado y la sociedad tienen la responsabilidad de articular políticas públicas robustas que prioricen la prevención del suicidio. Esto implica no solo aumentar recursos y mejorar la red de atención en salud mental, sino también transformar los estereotipos y prejuicios que aún persisten, promoviendo una cultura de empatía y comprensión. La inclusión de la juventud en la construcción de estas políticas es clave para que las soluciones sean pertinentes y efectivas. 

En conclusión, el suicidio en Chile es una urgencia silenciosa que interpela a todos. Es imprescindible que abordemos este tema con sensibilidad, conocimiento y voluntad colectiva. La prevención del suicidio no es solo salvar vidas, sino también construir una sociedad más justa, solidaria y humana. Si logramos abrir el diálogo y fortalecer los vínculos, podremos transformar el dolor en oportunidades de vida, favoreciendo y/o creando una red de cuidados para todos y todas.

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Abogado U. de Chile, doctor en Derecho Penal U. de Salamanca, España. Director Académico de Tutores Derecho Capacitaciones. Autor de más de cuarenta publicaciones, tanto en Chile como en el extranjero. Litigante en Derecho Penal.

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