
Cáncer de mama: diagnóstico oportuno es vida
Equipo AraucaniaDiario
"A pesar de los esfuerzos comunicacionales, el mensaje todavía no llega a todos los sectores de la sociedad, como sería deseable", dice el doctor José Quidel Gacitúa, cirujano oncólogo-mastólogo del Hospital Hernán Henríquez Aravena de Temuco.
"Lo digo con la experiencia de quien, consulta tras consulta, recibe a mujeres que llegan tarde, no por descuido, sino porque nadie les explicó a tiempo que esta enfermedad puede crecer en silencio", agrega, en relación al cáncer más frecuente en las mujeres.
Según las estimaciones del Observatorio Global del Cáncer (Globocan), del Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer, en 2022 se diagnosticaron en el país 5.640 casos nuevos de cáncer de mama, el tumor más frecuente en la población femenina, muy por delante del cáncer colorrectal.
La actualización Globocan 2024, publicada este año, estima 5.141 casos nuevos y 1.829 muertes anuales. Al comparar casos y muertes, por cada tres diagnósticos se produce algo más de una muerte al año, una relación que depende, en buena medida, de cuán temprano se detecta la enfermedad.
1 de cada 8
"Hay algo importante que usted debe saber: una de cada ocho mujeres, solo por el hecho de ser mujer, desarrollará esta enfermedad", dice el médico cirujano.
Ser mujer y envejecer son, de hecho, los dos principales factores de riesgo, y ninguno de ellos se puede modificar. Por eso insisto en que nadie está libre: los especialistas sabemos que el 85 por ciento de las pacientes no tiene antecedentes familiares directos de la enfermedad. Esperar a tener una madre, una hermana o una tía con cáncer para preocuparse es, simplemente, llegar tarde.
Los médicos no podemos evitar que la enfermedad aparezca, pero sí podemos detectarla precozmente y, si llega a presentarse, aprovechar los avances de la medicina actual para que su tratamiento sea curativo.
Mientras más precoz sea el diagnóstico, mayor es el éxito terapéutico; a la inversa, un diagnóstico tardío reduce esa posibilidad favorable.
“Esperar a tener una madre, una hermana o una tía con cáncer para preocuparse es, simplemente, llegar tarde. Cuando el diagnóstico es oportuno, los avances de la medicina actual a los que me refería se pueden aprovechar plenamente. Hoy es posible conservar la mama en muchas pacientes, estudiar solo el ganglio centinela en lugar de vaciar la axila, reconstruir la mama en el mismo acto quirúrgico y elegir terapias según la biología de cada tumor. Pero estas herramientas rinden al máximo en tumores pequeños. Un cáncer avanzado exige tratamientos más largos, más agresivos y más costosos para la paciente, para su familia y para el sistema de salud, con resultados claramente inferiores.
Las cifras de mortalidad lo confirman con crudeza. De acuerdo con el Departamento de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) del Ministerio de Salud, en 2010 murieron 1.297 mujeres por cáncer de mama en Chile. En 2023 fueron 1.789 y en 2024 llegaron a 1.836, el número más alto desde que existen registros, según las cifras preliminares del DEIS. Esto equivale a cinco chilenas fallecidas cada día. Para 2025, los datos preliminares vuelven a superar las 1.800 defunciones. En apenas catorce años, las muertes anuales aumentaron en más de 500, un alza cercana al 42 por ciento.
La tendencia viene de lejos: en 2002, según la Biblioteca del Congreso Nacional, fallecieron 1.049 mujeres por esta causa; en 2015 fueron 1.511; en 2019, 1.654, y en 2021, 1.707, de acuerdo con la serie del DEIS. En poco más de dos décadas, el número anual de muertes aumentó en tres cuartas partes.
Alguien podría pensar que este aumento se explica solo porque somos más y vivimos más años. En parte es así, y conviene decirlo con honestidad. La tasa bruta de mortalidad, que no corrige por la edad de la población, subió de 15,0 a 18,0 muertes por cada 100.000 mujeres entre 2010 y 2024, según un análisis de datos del DEIS publicado en 2025 por un equipo de la Universidad de Tarapacá. Las tasas ajustadas por edad, en cambio, muestran un leve descenso: la Biblioteca del Congreso Nacional, con datos del DEIS, informa que la tasa estandarizada bajó de 17,0 en 2010 a 15,8 por 100.000 mujeres en 2022.
¿Qué significa esa aparente contradicción? Que el riesgo individual de morir por esta causa, a igual edad, se ha mantenido estable o ha retrocedido apenas, mientras el envejecimiento de la población hace que cada año haya más mujeres en las edades de mayor riesgo y, por lo tanto, más muertes. En otras palabras, los avances del tratamiento y la pesquisa han logrado contener la tasa, pero no alcanzan a frenar el número de vidas perdidas. Si nada cambia, esa cifra seguirá creciendo a medida que la población envejezca.
Hay un dato más que debe quedar grabado. Desde 2009, el cáncer de mama es la primera causa de muerte por cáncer en las mujeres chilenas. Durante décadas, ese lugar lo ocupó el cáncer de vesícula biliar, cuya mortalidad ha caído gracias, en parte, a la cirugía preventiva de los cálculos biliares. Hoy, ningún otro tumor mata a más chilenas.
Tampoco es una enfermedad exclusiva de las mujeres mayores. Es cierto que la mayoría de las muertes ocurre después de los 65 años: en 2024 fueron 1.070 de las 1.836, según las cifras preliminares del DEIS. Pero ese mismo año fallecieron 273 mujeres menores de 50 años y 557 menores de 60, es decir, casi una de cada tres. El Departamento de Epidemiología del Ministerio de Salud ha estimado que cerca del 77 por ciento de las mujeres que mueren por cáncer de mama lo hace antes de los 80 años, y que las mayores tasas de mortalidad prematura se concentran entre los 50 y los 64 años. Son madres, trabajadoras, jefas de hogar y abuelas jóvenes que todavía tenían mucho por vivir.
Y aquí aparece un impacto que suele pasar inadvertido: en el sistema público de salud, un cáncer en etapa inicial tiene un costo aproximado de $6 millones, mientras que en etapas muy avanzadas puede superar los $300 millones.
La mamografía y los mitos
La mamografía, un examen sencillo, algo molesto, pero extremadamente útil, nos entrega información de vital importancia y es el método de detección precoz que nos da la oportunidad de llegar a tiempo.
El Colegio Americano de Radiología y las más prestigiosas guías internacionales,, recomiendan una mamografía anual desde los 40 años.
Es frecuente escuchar a pacientes que dicen “nunca he tenido dolor” o “no he sentido molestias”. Pues bien, el cáncer de mama en sus etapas precoces no manifiesta síntomas, es silencioso; de ahí la relevancia de detectarlo con mamografía.
Ese es, quizás, el mito más peligroso, pero no el único. Muchas mujeres creen que, si nadie en su familia tuvo cáncer, están protegidas; ya vimos que la gran mayoría de las pacientes no tiene antecedentes familiares directos. Otras temen que el examen sea muy doloroso o que la radiación les haga daño. La mamografía produce una compresión breve e incómoda, que dura segundos, y utiliza dosis muy bajas de radiación, cuyo riesgo es mínimo frente al beneficio de encontrar un tumor cuando todavía no se puede palpar. También escucho que el autoexamen basta. Conocer el propio cuerpo es valioso y cualquier cambio debe ser motivo de consulta pero cuando un nódulo se palpa, en general, ya ha crecido. La mamografía, en cambio, puede detectar microcalcificaciones y lesiones de pocos milímetros.
Hay quienes piensan que, pasados los 70, ya no vale la pena, o que la ecografía reemplaza a la mamografía. Ninguna de las dos ideas es correcta como regla general. La ecografía es un complemento útil en mamas densas y en mujeres jóvenes, pero no sustituye a la mamografía en la pesquisa, y la decisión de continuar los controles en edades avanzadas debe tomarse junto al médico, según la salud de cada paciente, no por temor ni por resignación.
La prevención, además, empieza antes de la mamografía. Mantener un peso saludable, hacer actividad física de manera regular, moderar o evitar el consumo de alcohol y no fumar son medidas que reducen el riesgo de este y de otros cánceres. La guía clínica del Ministerio de Salud recuerda que factores modificables como el alcohol, el sobrepeso y la inactividad física explican, en conjunto, alrededor del 21 por ciento de las muertes por cáncer de mama. La lactancia materna también tiene un efecto protector. Nada de esto garantiza que la enfermedad no aparezca, pero sí inclina la balanza a nuestro favor.
“Ninguna garantía sirve si el examen nunca se hace: el GES protege a quien ya entró al sistema, y la mamografía es la puerta de entrada.
El problema es que, pese a todo lo anterior, la mayoría de las chilenas en edad de tamizaje no tiene su mamografía al día. Con datos obtenidos del Ministerio de Salud por Ley de Transparencia, el Observatorio del Cáncer informó en 2025 que solo 845.682 de las 2.263.525 mujeres de 50 a 69 años que registró el Censo 2024 tenían una mamografía vigente en el sistema público: apenas un 37,4 por ciento. Un informe de la Biblioteca del Congreso Nacional de diciembre de 2025 sitúa la cobertura entre las beneficiarias de Fonasa en 40,9 por ciento para 2024, lejos del 55 por ciento promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y del 70 por ciento que se considera necesario para reducir la mortalidad.
La pandemia agravó esta brecha. El proyecto CoV-IMPACT-C, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, estimó en octubre de 2020 que, entre marzo y agosto de ese año, dejaron de realizarse unas 127.800 mamografías, un 60,5 por ciento menos que en igual período de 2019. Según la Biblioteca del Congreso Nacional, en la atención primaria se solicitaron 420.005 mamografías en 2019 y solo 220.402 en 2020. Parte del alza reciente de muertes puede reflejar, todavía, aquellos diagnósticos postergados.
Quiero también que usted conozca sus derechos. El cáncer de mama está incluido en las Garantías Explícitas en Salud (GES) para personas de 15 años y más, tanto en Fonasa como en las isapres. Desde la sospecha con resultado de mamografía, la confirmación diagnóstica debe realizarse en un plazo máximo de 45 días; la etapificación, dentro de los 45 días siguientes, y el tratamiento primario debe iniciarse dentro de 30 días desde la etapificación. Si esos plazos no se cumplen, la paciente puede reclamar ante su asegurador para que se le asigne otro prestador. Pero ninguna garantía sirve si el examen nunca se hace: el GES protege a quien ya entró al sistema, y la mamografía es la puerta de entrada.
El autoexamen: conocer su propio cuerpo
Vuelvo sobre el autoexamen, porque no quiero que se entienda que no sirve. Por sí solo no ha demostrado reducir la mortalidad y no reemplaza a la mamografía, pero muchas mujeres descubren cambios por sí mismas, y consultar a tiempo salva vidas. Su valor está en conocer lo normal de su cuerpo para notar cuando algo cambia.
Conviene empezar desde los 20 años y revisarse una vez al mes. Si menstrúa, hágalo unos días después de que termine la regla, cuando las mamas están menos sensibles; si no menstrúa, por menopausia, embarazo, lactancia o ciclos irregulares, elija un día fijo de cada mes.
Primero, mírese al espejo con los brazos a los costados, luego con los brazos en alto, después con las manos en la cintura, presionando, y por último inclinada hacia adelante. Busque cambios de tamaño, forma, piel o pezones. Luego, acuéstese con una almohada bajo el hombro y ese brazo detrás de la cabeza. Con las yemas de los tres dedos del medio de la otra mano, haga pequeños círculos con presión suave, media y firme. Recorra la mama en franjas ordenadas, desde la clavícula hasta bajo la mama y desde la axila, incluida, hasta el centro del pecho. Repita de pie o en la ducha, con las manos jabonosas. No es necesario exprimir el pezón: lo que importa es la secreción que sale sola.
Es normal que la mama se sienta irregular o “granulosa”, que una sea algo más grande que la otra, que duela o se hinche antes de la regla y que exista un reborde firme en el pliegue inferior. La mayoría de los nódulos son benignos, como los quistes o los fibroadenomas, pero todo cambio nuevo debe evaluarlo un profesional. Los hombres, que suman menos del 1 por ciento de los casos, también deben consultar ante los mismos signos.
Banderas rojas: cuándo consultar sin esperar
Pida hora en los próximos días si nota:
Un bulto nuevo o una zona endurecida en la mama o la axila, sobre todo si es duro, no duele, tiene bordes irregulares o persiste después de la regla.
Un cambio en el tamaño, la forma o el contorno de una mama.
Piel hundida, arrugada o con aspecto de “piel de naranja”.
Un pezón que se hunde o cambia de dirección recientemente.
Secreción espontánea por un solo pezón, en especial con sangre o transparente.
Costras, descamación, picazón persistente o una herida en el pezón o en la piel que no sana.
Ganglios o bultos en la axila o sobre la clavícula.
Dolor persistente en un punto fijo que no varía con el ciclo, aunque el dolor por sí solo rara vez es cáncer.
Consulte con urgencia si una zona amplia de la mama se pone roja, caliente e hinchada: puede ser un cáncer inflamatorio, que se confunde con una mastitis (infección de la mama), sobre todo si no está amamantando o si no mejora en pocos días con tratamiento.
Una mamografía reciente normal no descarta un bulto nuevo, que siempre debe consultarse. Acuda a su Cesfam o consultorio, al médico general, a la matrona, al ginecólogo o al especialista. Ante evidencia clínica de cáncer, el GES no exige mamografía: la sospecha inicia los plazos garantizados.
Realidad en La Araucanía
En 2025, en el sistema público de salud, se diagnosticaron más de 400 casos en la región; en el año 2000 eran 200. El análisis reciente del proyecto “Truwun”, del que formo parte, proyecta cerca de 600 casos para 2030.
Estas cifras coinciden con lo que vivimos a diario en nuestros pabellones y policlínicos. En un cuarto de siglo, la carga de trabajo se duplicó, y la proyección hacia 2030 nos obliga a una mirada prospectiva.
Así "Truwun" un proyecto local , pionero a nivel naciional en el desarrollo de una unidad de enfermedades de la mama, nacido en el seno de especialistas temuquenses , se orienta a enfrentar escenarios con una mirada a 10 años.
En mortalidad, las cifras preliminares del DEIS muestran que en La Araucanía fallecieron 107 mujeres por cáncer de mama en 2023 y 85 en 2024, una disminución de 20,6 por ciento que contrasta con el alza nacional. Es una buena noticia, pero debe leerse con prudencia: en una región de nuestro tamaño las cifras anuales fluctúan y los datos preliminares aún pueden ajustarse. Un solo año favorable no constituye todavía una tendencia.
Las diferencias territoriales existen y deben preocuparnos. El informe de vigilancia del Departamento de Epidemiología del Ministerio de Salud sobre mortalidad prematura por cáncer en la década 2009-2018 situó la tasa ajustada nacional en 11,8 por 100.000 mujeres, calculada con una metodología distinta y, por eso, no comparable con la citada más arriba. Magallanes registró la tasa más alta, con 14,5, y Los Lagos la más baja, con 9,1. La Araucanía, con 10,6, quedó bajo ese promedio, aunque un análisis publicado en la revista Medwave en 2024 mostró que su tasa ajustada creció de manera significativa entre 2007 y 2020. El informe del Ministerio, por su parte, identificó a Valparaíso, Magallanes y O’Higgins como las regiones con mayor mortalidad prematura por esta causa. Vivir en una u otra región no debería determinar nunca las probabilidades de sobrevivir.
Chile tiene herramientas para cambiar ese rumbo. La Ley Nacional del Cáncer (Ley 21.258), promulgada en 2020, dio rango legal a la planificación oncológica, y el Plan de Acción 2022-2027 del Plan Nacional de Cáncer incluye entre sus objetivos aumentar la cobertura del tamizaje de cáncer de mama y frenar el alza de la mortalidad prematura por cáncer. Pero las leyes y los planes necesitan recursos, equipos y, sobre todo, mujeres que acudan a hacerse el examen.
Nuestra región tiene, además, desafíos propios. Una parte importante de la población vive en zonas rurales, lejos de un mamógrafo, y para muchas mujeres hacerse un examen significa perder un día de trabajo, pagar transporte o encargar a alguien el cuidado de los hijos o de un adulto mayor. Cada kilómetro de distancia y cada hora de espera pesan, y pesan más sobre las mujeres con menos recursos. Las clínicas móviles ayudan: durante el primer semestre de 2026, 420 mujeres de La Araucanía se realizaron gratuitamente una mamografía .
“El mensaje de octubre no puede quedarse en cintas rosadas, edificios iluminados y buenas intenciones que se apagan en noviembre.
Por eso, este octubre quiero pedirle algo concreto. Si usted tiene 40 años o más, revise cuándo fue su última mamografía; si no lo recuerda, probablemente ya es tiempo. Si es hija, hijo, pareja, amiga o amigo de una mujer de esa edad, pregúntele, acompáñela y ayúdela a conseguir la hora. Si es empleador, facilite el permiso: el Código del Trabajo, reformado en 2021, otorga medio día anual de permiso a las trabajadoras con contrato de más de treinta días para hacerse la mamografía. Y si es autoridad municipal, regional o sanitaria, ayúdenos a que el examen llegue a cada comuna, con horarios compatibles con la vida real de las mujeres que trabajan dentro y fuera del hogar.
Los medios de comunicación, las escuelas, las juntas de vecinos, las iglesias y las organizaciones de pacientes tienen también un papel enorme. El mensaje de octubre no puede quedarse en cintas rosadas, edificios iluminados y buenas intenciones que se apagan en noviembre. Tiene que convertirse en horas agendadas, exámenes realizados, resultados informados a tiempo y tratamientos iniciados dentro de los plazos que la ley garantiza. Esa es la diferencia entre sensibilizar y salvar vidas.
Como cirujano, he tenido el privilegio de acompañar a muchas mujeres que hoy están sanas porque un examen de rutina encontró a tiempo una lesión de pocos milímetros. También he tenido que dar malas noticias a pacientes que postergaron su control por miedo, por falta de tiempo o porque “se sentían bien”. Ninguna de ellas merecía llegar tarde. Por ellas, y por las que vendrán, insisto: no espere síntomas, no espere a octubre del próximo año, no espere a que alguien cercano enferme.
La detección precoz es vida… y la responsabilidad de concientizar es de todos. ■


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