

Un estudio de la Universidad Estatal de Pensilvania reflejó que el 91% de las preocupaciones de las personas no se hacen realidad. Vivir centrados en el futuro es fuente inagotable de ansiedad, miedo, desgaste y stress. El exceso de pasado es causa de depresión.
De acuerdo con el reporte de la OMS (Organización Mundial de la Salud): “Depresión y otros Desórdenes Mentales Comunes”, más de un millón de personas mayores de 15 años sufre de ansiedad, es decir, más de un 6,5% de la población estudiada y 845 mil sufre de depresión.
El presente es sólo un momento que se ubica entre el pasado y el futuro, sin embargo, es fuente de bienestar y felicidad. Tomar conciencia del presente es tomar control de la vida y evitar un deterioro en la salud mental.
El futuro de por sí es incierto, pero el ambiente comunicacional, medios y redes sociales, exalta las emociones básicas, sobre todo el miedo. Miedo a lo que me puede suceder en el futuro, no como algo lejano, sino en los siguientes momentos.
En este contexto, el principal desafío es ocuparse (más que preocuparse) y para ello es necesario conocerse a uno mismo a través de preguntas tales como: ¿Por qué me genera miedo? ¿Es cierto lo que escucho o leo? ¿Hay base real o sólo está en mi imaginación? Las respuestas que uno pueda darse son una gran ayuda para vivir menos en el futuro y disfrutar más del presente.
Si bien siempre hay algo de real en la mirada a futuro, la amenaza se cierne sobre nosotros por el instinto de sobrevivencia que todos llevamos dentro, lo que se agrava con la gran velocidad que vivimos nuestras vidas, cuya vorágine no nos permite detenernos a evaluar qué tan probable es que suceda aquello que nos preocupa.
Cuando se reconoce que el 91% de nuestras preocupaciones nunca llegarán a suceder es también un punto de partida para mirar la vida de otra manera.
Nuestro desafío es vivir y compartir el presente, porque es lo único que tenemos a mano. Es valorar tanto lo bueno como lo malo tomando conciencia del momento, evitando vivirlo de manera automática.
En educación, el sistema de evaluación que únicamente mide conocimiento adquirido y cuya aplicación es cada vez más estandarizado, es una gran fuente de preocupaciones para estudiantado, además de incentivar hábitos y conductas que atentan contra la socialización y la formación integral.
La experiencia que viven niñas, niños y jóvenes en el aula es determinante para su proyección futura. Hoy, momento en que ha vuelto al primer plano los problemas que vive la educación, es imprescindible elevar la prioridad de la educación socioemocional y las prácticas participativas para optimizar la convivencia y el clima en las comunidades educativas.
Mejorar la convivencia tiene un efecto inmediato en bienestar y se ve reflejado en mayores niveles de aprendizaje, mayor asistencia y menor deserción. Permite que niñas, niños y jóvenes disfruten del presente en vez de preocuparse por el futuro.


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