A fin de mes habrá otro incendio forestal y tampoco estaremos preparados

Ricardo Barría Dillems, ingeniero comercial, magister en comunicación. Editor de AraucaniaDiario, miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

Opinión20/01/2026Equipo AraucaniaDiarioEquipo AraucaniaDiario
Ricardo Barria Dillems
Ricardo Barria Dillems

Cada año y con mayor frecuencia, a fines de enero y durante los primeros días de febrero, en La Araucanía, tenemos las temperaturas más altas del año. Recuerdo un 3 de febrero, hace como 15 ó 20 años, que tuvimos por primera vez -para mí- 36 grados y nos salió un incendio, mientras era capitán de la Brigada Forestal de Bomberos Cerro Ñielol, la BRIF.

El incendio fue alrededor de las 3 de la tarde, en la zona poniente de Temuco, detrás de la población El Salitre, en Pedro de Valdivia y el fuego amenazaba las viviendas del sector, avanzando horizontalmente en un frente de unos 200 metros, en línea recta a través de un pastizal. Habían 36 grados y dentro del uniforme forestal, sentíamos varios grados más.

Recuerdo que con nuestras herramientas apagábamos el pastizal y a los segundos, como de la nada, aparecían chispas en el aire que lo volvían a prender. Recuerdo cómo nos dábamos ánimo, exhaustos, sin poder más, viendo el fuego avanzar hacia las casas, mientras pequeños niños en pantalones cortos nos miraban, asombrados.

El clima cambió

Cuento lo anterior, porque hace años que nuestro clima cambió. Recuerdo además, como antes, muchos años más atrás, llovía al menos un mes del verano y con suerte, alguien podía relatar cómo una noche puntual de enero o febrero, casi no se podía respirar de tanto calor, que había llegado a 30 grados.

Eso ya es pasado y cada vez más, la letal combinación de calor, falta de humedad y viento, dejan a cientos de personas sin su hogar y lo que es peor, sin sus seres queridos.

Pero es algo que ya sabemos. Es una constante que se puede predecir e incluso, prevenir para salvar vidas, bienes y hogares. Entonces, ¿por qué seguimos lamentando muertos tras muertos, familias tras familias perdiando a sus seres amados?

30-30-30

La peor lectura meteorológica para un bombero forestal es 30-30-30. Temperaturas de 30 o más grados, humedad de 30% o menos y vientos de 30 o más kilómetros por hora.

Ante esta lectura, la orden a toda brigada o cuadrilla de bomberos forestales es evacuar el lugar. Irse de inmediato, dejando atras material, vehículos y no detenerse hasta quedar a salvo. 30-30-30 es una combinación de variables letal, impredecible, incontrolable y donde todo se puede quemar. Y ejemplos hay muchos por el mundo entero.

Lo anterior es una regla extrema, una señal de alarma ante la cual hay que evacuar, pero que sin embargo, no garantiza que debajo de estas variables, todo ande bien. Basta que lleguemos al verano con pasto, maleza o los residuos del año acumulados (esos que la Conaf no deja quemar en primavera e incluso en invierno), que se sequen con el calor y ya tenemos combustible que prende de inmediato, en verano.

Y la pregunta obvia que nace en nuestras mentes es: ¿qué temperatura había el sábado en la noche en Penco, o cómo estaba la humedad y por supuesto, cuál era la velocidad del viento? ¿Habían ramas, pasto o basura acumulada? Lo mismo en Valparaíso, cuando quedaron al menos 137 personas fallecidas y varias más que nunca se sabrán.

¿Qué esperamos?

Luego de cada tragedia corren los políticos y las autoridades a recriminar, por lo general, al incompetente Gobierno de turno al que le toca la tragedia. El problema es que la incompetencia no tiene color político y sean de izquierda o de derecha, las cosas siempre se siguen haciendo igual.

¿Qué debiera hacerse? Pues para muchos es obvio: buscar a los mejores en prevención y combate de incendios, pero no los chantas que trabajan en las munis -con honrosas excepciones-, o a los que llegan a trabajar en la Conaf por pitutos políticos, hay que traer a los mejores a nivel mundial.

Luego, aprovechando que mientras estamos en verano, en el hemisferio norte están en invierno (es decir desocupados), junto con los mejores expertos, hay que traer de antemano (en diciembre), a los mejores y más grandes aviones de combate forestal. De distinto tipo, de los gigantes Tanker (75 mil litros) y los rusos Ilyushin (42 mil litros), pasando por helicópteros Chinook (10 mil litros), o los Canadair, aviones anfibios que cargan agua directo de lagos o del mar, para lanzarla directamente sobre el fuego. ¿Cuántas vidas se hubiesen salvado si hubiésemos tenido 10 de estos aviones operando en Valparaíso en 2024 o en Penco el domingo pasado?

Y por supuesto, debemos seguir entregando recursos a Bomberos. No puede ser que se queden sin agua, no tengan uniformes adecuados, equipos de respiración o que arriesguen sus vidas, para ayudarnos, en carros que tienen 20 años. Muchos más -y fiscalizados- recursos a Bomberos.

Fines de enero

A fines de enero tendremos nuevamente temperaturas altas, por no decir extremas y da lo mismo si es a fin de mes, una semana antes o después. Sabemos que en nuestra región este año, así como todos los que siguen serán de incendios forestales, que cíclicamente amenazarán bienes, siembras, bosques, casas y vidas, tanto de nuestros animales, como de nuestras mascotas y familias.

Ese incendio que parto relatando, en el sector de Pedro de Valdivia, hace 15 ó 20 años, logramos apagarlo porque a nuestro trabajo con herramientas se sumó en esa ocasión, la Tercera y Cuarta Compañía. Llegaron con agua y eso permitió controlarlo y luego terminar de apagarlo. Las casas de la Villa El Salitre se salvaron y todos llegamos bien a nuestros cuarteles y más tarde, a nuestras casas.

En nuestras autoridades está que cada emergencia o incendio termine con un final feliz, apagando las llamas, salvando las casas, protegiendo a las familias. Sabemos como se viene este verano, a fin de mes habrá otro incendio forestal, estemos preparados y a ver si ya para el próximo año, el Gobierno de turno trae los aviones necesarios y en lugar de andar dando pésames y largos abrazos, podemos celebrar una temporada de verano sin víctimas fatales.

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Abogado U. de Chile, doctor en Derecho Penal U. de Salamanca, España. Director Académico de Tutores Derecho Capacitaciones. Autor de más de cuarenta publicaciones, tanto en Chile como en el extranjero. Litigante en Derecho Penal.

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