
Ex jefe de gabinete del GORE Juan Pablo Leonelli habla tras accidente de tránsito
Equipo AraucaniaDiario
El ex jefe de gabinete del Gobierno Regional de La Araucanía Juan Pablo Leonelli Lepin, investigado en las causas del llamado Caso Convenios, fue dejado en prisión preventiva la semana pasada, luego de que sufriera un accidente automovilístico en la ruta Freire-Villarrica, cuando regresaba de su trabajo en una faena forestal, bajo los efectos del alcohol.
Por primera vez se refiere a lo sucedido, a través de una carta a su familia y amigos, donde hace referencia también a la decisión de la fiscalía de exigir prisión preventiva, resolución que será apelada por su defensa a la brevedad. Asimismo, Leonelli hace referencia al fiscal Luis Arroyo, quien ha sido relacionado en más de una ocasión a las causas de la denominada "Operación Huracán".
Por otra parte, se cuestiona la medida cautelar solicitada por que el ex jefe de gabonete podría no presentarse a las audiencias, no obstante que —comenta el también abogado— se ha presentado de manera voluntaria a cada una de las citaciones y la última no pudo llegar, ya que sufrió el accidente vehicular.
Además, la prognosis de la pena que podría llegar a tener, si eventualmente fuese condenado, le permitiría cumplirla en libertad vigilada, según ha explicado latamente su abogado Gustavo Balmaceda Hoyos.
La comunicación, que para efectos de su mejor comprensión ha sido titulada, se reproduce a continuación.
La carta
"Queridos amigos, amigas y familia:
Me voy por un tiempo. Otra vez.
Ya es la tercera ocasión en poco más de un año en que debo despedirme temporalmente de quienes quiero para cumplir una resolución judicial que considero injusta. Y aunque me cuesta entenderla, la acato como siempre lo he hecho.
Antes de partir, quería escribir estas líneas. No para convencer a nadie de nada. No para discutir expedientes ni teorías jurídicas. Sólo para hablarles desde el corazón.
Lo primero que quiero decir es algo que he repetido muchas veces, pero que siento la necesidad de volver a expresar. Estoy profundamente arrepentido del accidente vehicular que provoqué.
Estoy profundamente arrepentido del accidente vehicular que provoqué
No pasa un día sin que piense en ello. No pasa un día sin que agradezca que la otra persona involucrada no sufriera consecuencias graves.
Vivo con esa culpa y con esa responsabilidad. Muchas veces he pensado en escribirle para pedirle disculpas, pero me han recomendado no hacerlo mientras exista un proceso judicial pendiente. Espero que algún día pueda decírselo personalmente. No espero que me perdone ni que me crea. Sólo quiero que sepa que estoy sinceramente arrepentido.
Cometí un error. Un error grave y tendré que responder por él. Pero también quiero decir algo con la misma claridad.
Caso Convenios
Sigo siendo absolutamente inocente de los delitos que se me imputan en el llamado Caso Convenios.
Han pasado tres años desde que comenzó esta historia. Tres años de investigaciones. Tres años de peritajes. Tres años de revisiones de cuentas corrientes, teléfonos, computadores y documentos.
Desde el primer día me sometí voluntariamente a todo. Cuando allanaron mi casa entregué mis dispositivos sin oposición. Autoricé la revisión de mis cuentas corrientes. He comparecido a cada audiencia. He asistido presencialmente incluso cuando no estaba obligado. He concurrido a alegatos en la Corte donde ni siquiera era necesaria mi presencia.
Cuando se decretó prisión preventiva en mi contra me presenté voluntariamente a cumplirla.
Cuando fui detenido por el accidente y no pude asistir a una audiencia por una imposibilidad material, me presenté voluntariamente al tribunal apenas recuperé mi libertad para justificar mi ausencia.
Cuando un juez me otorgó cinco días para entregar mi licencia de conducir, fui personalmente al Ministerio Público al tercer día. Llegué minutos después del horario de atención debido a las lesiones que aún tenía producto del accidente. Volví a primera hora al día siguiente y cumplí íntegramente con lo ordenado.
Y ahora, una vez más, me entregaré voluntariamente para cumplir una resolución que considero equivocada.
Jamás he intentado escapar. Jamás me he ocultado. Jamás he intentado sustraerme de la justicia.
Jamás he intentado escapar. Jamás me he ocultado. Jamás he intentado sustraerme de la justicia
Por eso me cuesta entender que hoy se sostenga que la única forma de asegurar mi comparecencia futura sea enviándome nuevamente a prisión.
No lo entiendo y honestamente, muchos de ustedes me han llamado estos días para preguntarme qué pasó, y la verdad es que tampoco tengo una explicación que me deje tranquilo.
Siento que el accidente fue utilizado para construir un relato mucho más amplio que el propio accidente.
Reconozco mi responsabilidad en ese hecho, pero no puedo aceptar que se utilice para poner en duda una conducta procesal que durante años ha demostrado exactamente lo contrario de lo que hoy se afirma.
Hay algo más que necesito decir.
Al fiscal Arroyo
Fiscal Arroyo, no lo conozco personalmente. Nunca hemos compartido una conversación fuera de una audiencia. Pero sí sé algo de usted.
Sé que durante años estuvo sometido a una investigación penal. Sé que usted y su familia vivieron la incertidumbre de no saber cómo terminaría ese proceso. Sé que conoció el peso de una imputación pública, los comentarios, las sospechas y la presión que genera verse expuesto frente a otros.
Y sé también que finalmente fue declarado inocente.
Por eso me cuesta entender muchas de las decisiones que ha tomado en mi caso, porque uno pensaría que quien ha recorrido ese camino desarrolla una sensibilidad distinta frente al sufrimiento ajeno.
Pensaría que alguien que experimentó en carne propia la diferencia entre una imputación y una condena sería especialmente cuidadoso antes de pedir que otra persona sea privada de libertad. Pensaría que alguien que conoció la angustia de ser investigado tendría mayor prudencia frente a los juicios anticipados.
Pensaría que alguien que conoció la angustia de ser investigado tendría mayor prudencia frente a los juicios anticipados
Quizás me equivoque y quizás usted está plenamente convencido de que está haciendo lo correcto.
Pero si algún día estas palabras llegan a sus manos, quiero que sepa que detrás de cada carpeta investigativa hay personas reales.
Hay vidas reales. Hay consecuencias reales y hay algo que me cuesta especialmente comprender.
Después de haber vivido usted mismo una investigación penal durante años y de haber sido finalmente declarado inocente, pensé que tendría una mirada distinta sobre el poder que tiene un fiscal sobre la vida de una persona.
Porque cuando uno ha estado del otro lado, aprende que ganar un caso y hacer justicia no siempre son la misma cosa.
Victoria procesal
Hoy usted obtuvo una victoria procesal. Consiguió enviarme nuevamente a prisión.
Pero me pregunto sinceramente si esa victoria lo deja tranquilo. Si al llegar a su casa siente que realmente ganó algo.
Porque detrás de esa resolución hay una familia que vuelve a separarse y una persona que, culpable o inocente de lo que se le acusa, ha comparecido voluntariamente durante tres años a cada actuación judicial.
Las victorias judiciales duran un día. La tranquilidad de conciencia dura toda la vida y cuando todo esto termine, porque algún día terminará, cada uno tendrá que convivir con las decisiones que tomó.
Durante estos años también he conocido de cerca el poder que tienen la prensa, la Fiscalía y los tribunales sobre la vida de una persona.
He visto cómo una formalización puede transformarse para muchos en una condena. He visto cómo el juicio público suele llegar mucho antes que el juicio real. Y he visto el daño que todo esto provoca en las familias.
No sólo en quien es investigado. También en quienes lo aman. Lo que más me duele de todo esto no es volver a la cárcel. Lo que más me duele es volver a alejarme de María Gracia y Olivia, de Paula, de mi mamá, de mi abuela, de mi hermana y de las personas que han sostenido mi vida durante estos años.
Ellos son quienes verdaderamente cumplen condena junto conmigo cada vez que una puerta se cierra. A todos ustedes les debo mucho más de lo que puedo expresar en una carta.
También me duele la institucionalidad, porque sigo creyendo que necesitamos fiscales buenos, jueces buenos y periodistas buenos. Y sé que existen. Los he conocido. Los he visto actuar con profesionalismo y humanidad. Por eso no pierdo la esperanza.
Porque sigo creyendo que la mayoría de las personas que integran esas instituciones entraron a ellas para hacer el bien.
Y porque sigo creyendo que, tarde o temprano, la verdad termina imponiéndose.
Me voy nuevamente
Hoy me voy nuevamente. Pero me voy con la frente en alto. Con la tranquilidad de haber colaborado siempre con la justicia. Con la convicción intacta de mi inocencia respecto de los hechos por los cuales he sido acusado. Y con la esperanza de que algún día todo esto quede atrás.
Extrañaré a mi familia. Extrañaré a mis amigos. Extrañaré el bosque, que durante estos últimos años se transformó en refugio y hogar. Lejos del ruido. Lejos de los titulares. Lejos de quienes hacen del sufrimiento ajeno un espectáculo.
Pero también me llevo algo que nadie puede quitarme. La certeza de quién soy. La tranquilidad de mi conciencia. Y la esperanza de volver.
Gracias por cada mensaje. Gracias por cada llamada. Gracias por cada abrazo. Gracias por cada gesto de cariño. Gracias por no soltarme la mano cuando era más fácil hacerlo.
Volver pronto
Espero volver pronto.
Volver para abrazar a María Gracia y Olivia. A Paula. A mi mamá. A mi abuela. A mi hermana y a tantos amigos que han estado ahí siempre.
Volver para caminar nuevamente por el bosque. Volver para recuperar el tiempo perdido. Volver para demostrar en un juicio lo que he sostenido desde el primer día: mi inocencia.
Y cuando todo esto termine, porque algún día terminará, espero que todos podamos mirar hacia atrás con la tranquilidad de haber actuado conforme a nuestra conciencia.
Yo, al menos, tengo la paz de saber que jamás he dejado de sostener la verdad que conozco y que nunca he dejado de someterme a la justicia, incluso cuando he sentido que ella no ha sido justa conmigo.
Con cariño, gratitud y esperanza,
Juan Pablo Leonelli".


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