Por qué votar a favor (o en contra) de la nueva Constitución

Opinión 01 de noviembre de 2023 Por Equipo AraucaniaDiario
Ricardo Barría Dillems, ingeniero comercial, magister en Comunicación.
Ricardo Barria Dillems
Ricardo Barria Dillems

El no ser abogado, ni constitucionalista, me permite hacer un resumen suscinto, simple e ignorante del nuevo texto Constitucional, donde más allá de un análisis técnico y de aspectos normativos de alta implicancia legal, me puedo dejar llevar por una lectura -larga por cierto- donde prime el sentido común, en lugar de los cálculos mezquinos de tal o cual.

Para la Real Academia de la Lengua Española (RAE), sentido común es el "Modo de pensar y proceder tal como lo haría la generalidad de las personas", aunque me quedo con la definición del Oxford Languages que dice: "Capacidad para juzgar razonablemente las situaciones de la vida cotidiana y decidir con acierto".

Así y al igual que en el Plebiscito del 4 de septiembre de 2022, donde se impuso el razonamiento popular de la gente, de ese chileno que es "huevón" hasta el medio día no mas, este 17 de diciembre las personas votarán guiadas por su "sentido común".

Así, la señora Juanita llegará a votar buscando lo que nunca ha tenido y que se ve real, más allá de la protección de tales o cuales "Derechos" y bla, bla, bla; infringiéndole una nueva gran derrota a los intelectuales de lado y lado que se aglutinan para opinar.

La señora Juanita, que ha trabajado años para juntar lo poco que tiene en su cuenta de AFP, buscará que esta Constitución no permita que le quiten sus ahorros y se los repartan entre quienes nunca han trabajado.

La misma señora Juanita -que ya tiene su casa propia- votará para que las personas nunca más paguen contribuciones por su primer hogar; aunque ella no pague, pero votará para que sus hijos que ya estudiaron y tienen mejores ingresos, nunca pierdan su casa porque jubilaron y ya no tienen con qué pagar este infame impuesto territorial.

Y obviamente que la señora Juanita, al igual que miles de familias afectadas por la famosa "Tombolita" o Sistema de Admisión Escolar (SAE), votará para que sus nietos -al igual que lo hicieron sus hijos- puedan estudiar donde su papá y su mamá quieran, no en la escuela municipal que diga el famoso "algoritmo" o programa computacional.

Sentido común manda

Era un poco de sentido común. Sí, es bonito pensar que todos debiéramos ser solidarios con las pensiones de jubilación de los otros, pero, en un país donde varios simplemente no trabajan (no porque no puedan), es iluso pensar en que los que sí lo hacen, tengan que financiar a los que con suerte cumplen sus 45 horas a la semana para prosperar.

Por otro lado, las contribuciones son un impuesto territorial que fue "impuesto" en Chile en 1927, momento en el cual pocos podían acceder a la "casa propia" y donde la clase media no existía. Sin embargo, las cosas han cambiado y hoy, si uno saca la cuenta, para comprar la vivienda primero se trabaja para el pie, luego se le paga al banco por 20 años y con intereses salvajes; de ahí se pagan contribuciones y luego de que uno muere, los hijos deben pagar el impuesto a la herencia y seguir con las contribuciones. Osea, la casa se paga dos y hasta tres veces y nunca se deja de pagar. Comentarios sobran.

Sentido común era también pensar que cada papá y mamá siempre quiso mandar a estudiar a sus hijos donde ellos decidieran, no donde el Estado los mandara.

Por otro lado, los que estén a favor de compartir sus ahorros previsionales, de que se pague contribuciones por la primera vivienda y que la tombolita siga dando vueltas, pueden votar en contra.

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