
Caso Huracán: vientos de vergüenza y cobardía
Equipo AraucaniaDiario
La justicia, según los filósofos, debe ser una virtud que armoniza el individuo y la sociedad, buscando el bien común a través de la razón, la equidad y la correcta distribución de lo que a cada uno corresponde.
"Si perece la justicia, carece ya de valor que vivan hombres sobre la tierra", dijo el filósofo Immanuel Kant y parecemos haber olvidado ya lo que sucedió en el llamado "Estallido Social", en octubre de 2019, cuando -orquestados por supuesto, por terceras personas- se lanzaron a las calles miles de manifestantes, muchos de ellos que adquirieron un valor personal en la llamada "primera línea", jóvenes desperanzados a quienes daba lo mismo vivir, o incluso morir.
¿Pero qué pasa cuando en un país no hay justicia? Cuando no existe justicia social e incluso, no hay justicia legal, por llamarla de alguna manera. ¿Qué pasa cuando personas son metidas a la cárcel injustamente? ¿O cuando incluso se les condena sin que sean culpables de lo que se les imputa?, ¿Por cumplir con lo que exige la gente e incluso, la prensa?
39 mil inocentes en la cárcel
Por ejemplo, en Chile, 39.235 imputados que eran inocentes estuvieron presos en la última década, según señala una noticia sobre el "Proyecto Inocentes", donde su página hoy está caída. Y claro, para cualquiera podrá ser sólo un número y da lo mismo si fueran mil personas más o mil personas menos, pero lo que se lee en ese número, es en realidad que más de 39 mil familias tuvieron a un ser querido preso, injustamente.
Peor aún sabiendo que quienes los meten presos, de forma irresponsable y sin medir consecuencias, no pueden ir presos ellos mismos y nunca se les llegará a encarcelar o a castigar por los errores que cometieron. Es más, ni a jueces ni fiscales se les sancionará nunca por estas vidas que truncaron, muchas veces de la peor manera.
Y por otro lado, si no existe esta tan necesaria justicia legal, ¿podríamos hablar de justicia social? ¿Qué hay del acceso a la salud, por ejemplo? ¿Qué pasa cuando un ser querido se muere en la camilla o en la lista de espera? ¿Qué siente ese hijo, señora o hermano cuando por plata o posición social, alguien se salta la fila ante sus ojos?
¿Qué necesidad tenía la ministra de Salud Ximena Aguilera, de usar un cupo en el sistema público para operar a su mamá, cuando gana 9 millones 200 mil pesos y podría haberla operado en la Clínica Alemana ese día de inmediato?
¿Para qué vivir?
Pero volvamos a la justicia, porque junto con la salud, ahí está el germen de todos los males -creo yo- y mientras en Chile no haya justicia, seguirán saliendo -cada cierto tiempo- las personas a las calles, a protestar, cada vez con más fuerza y dependiendo de su desesperanza o incentivo, cada vez con más violencia.
Coincido con que el 19 de octubre y la quema de las estaciones del metro de Santiago, fue algo orquestado y organizado por sectores de extrema izquierda y antisistema, pero que el germen de todo esto existe y está presente en nuestras vidas, eso también es muy cierto. El "Estallido Social" no prendió artificialmente ni su origen es fabricado, las protestas que se sucedieron desde octubre de 2019 nacieron de una clase social estrujada, deprimida y que es tanto lo que no puede más, que no les vale ni la vida.
"¿Para qué vivir?", fue una frase que le escuché en esos días por la tele a un primera línea y se me quedó grabada y hasta el día de hoy la recuerdo. Son personas que viven sumidas en el narcotráfico, en barrios controlados por pandillas y donde reina el más fuerte, son jóvenes que crecen en el infierno que se vive cada día en Santiago, Concepción, Iquique o Temuco, en poblaciones donde no se puede salir ni a la esquina, o donde al regresar cada día, no saben si todos estarán bien en la casa.
Tal vez el joven que lo dijo ya está muerto, producto de una sobredosis, en una pelea entre pandillas o grupos de narcotráfico, o tal vez le dieron un balazo en un asalto. Ojalá que no sea así y que haya podido salir de donde estaba, que haya estudiado y hoy construya un futuro feliz, aunque estoy siendo muy ingenuo, lo más probable es que no sea así.
Recuerdo a un joven quemado en un tambor hace 15 años en Pedro de Valdivia, o al hermano de un alumno que pasó pro fuera del colegio, hace ya 20 años, rumbo al Cerro Ñielol donde se quitó la vida. Recuerdo además en su funeral cómo sus amigos le cantaban, a la desesperanza. ¿Para qué vivir?
Operación Huracán
"El 23 de Septiembre de 2017 a eso de las 14:15 hrs me encontraba en casa con mi pareja junto a mi hija de 4 años 7 meses preparándonos para almorzar. Veníamos llegando de un paseo familiar y mientras se cocinaba nuestro almuerzo fuimos al patio de la casa. Estando ahí escucho un ruido muy fuerte y unos gritos que venían desde la entrada de la casa.
En segundos estábamos siendo apuntados, amenazados, insultados y reducido por un grupo de 3 o 4 funcionarios del G.O.P.E. Veo que a mi pareja e hija les gritan, insultan y son zamarreadas por uno de los funcionarios de carabineros. Luego se llevan a mi hija Luciana y a su mamá Gabriela, las llevan hacia el living. En todo momento escucho insultos, gritos y a mi hija llorando y gritando de miedo.
A mí también me llevan al living, veo muchos policías más, también veo a mi pareja e hija sentadas custodiadas por un funcionario del G.O.P.E con una especie de metralleta. En esos instantes entra por la puerta el Teniente de Carabineros Cristian Gutiérrez Dumont, de la dotación de la Unidad de Inteligencia Operativa Especializada Santa Bárbara junto a más policías vestidos de civil. Este capitán me informa que hay una orden verbal de detención y de allanamiento emanada desde Temuco, sin señalarme los motivos de dicha detención.
Luego me sientan (esposado) al lado de mi hija y pareja, veo a ellas muy aterrorizadas y muy abrazadas con episodio de pánico y llanto por parte de mí hija ...", es el relato de la detención del periodista David Eduardo Cid Aedo, en la Operación Huracán, en base a pruebas falsificadas por carabineros.
En tiempos de Pinochet, la DINA y luego la CNI tenían la potestad de hacerlo cuando se les ocurriese, pero hoy estamos en Democracia y qué mentira más grande el sentirse por eso protegido. El poder, al igual que en dictadura, hace lo que quiere pero de otras formas. Por ejemplo, mandando a falsificar pruebas.
Fiscales involucrados
Durante el juicio se expuso que distintos fiscales de La Araucanía sabían lo que se estaba haciendo. Lo habían denunciado antes los abogados de los principales imputados y lo dijeron también los propios carabineros durante el juicio. Es más, se acusó al fiscal Carlos Cornejo de haber sido el "autor intelectual" de todo. Imagínense, gravísimo.
"Molesta, porque si ese fiscal hubiese hecho lo que nosotros le solicitamos hacer, que era un análisis de su archivo, créame su señoría que yo hoy día no estaría sentado acá", dice el cabo en retiro de Carabineros Marcos Sanhueza, durante el juicio.
"Molesta su señoría cuando el fiscal Carlos Cornejo, quien dirigió el primer preinforme en el laboratorio de criminalística, su señoría, dice que no se acordó de nada. No se acuerda de nada, no sabe nada", agrega Sanhueza.
Y luego el cabo en retiro de la institución hace una acusación grave: "Es el autor intelectual de ese preinforme, su señoría, el fiscal Carlos Cornejo debería estar aquí sentado conmigo (como imputado). Eso es lo que molesta, su señoría. A mí me truncaron una carrera institucional intachable".
"Pero estas personas por no ser honestas, por faltar a la verdad y no hacer lo que se le estaba sugiriendo, hacer para aclarar un hecho, su señoría, hoy estoy desvinculado de la institución", dice Marcos Sanhueza al tribunal, sobre el fiscal Cornejo.
Sin embargo, a esta altura y pasados ya tantos años, ningún fiscal aún es formalizado y por supuesto, ya se sabe que no les pasará nada.
Se lavaron las manos
Cuando Poncio Pilatos se lavó las manos, fue para dejar la responsabilidad de juzgar y condenar a Jesús a otros, en este caso a los israelitas. Pero Pilatos no habia tomado parte alguna en lo que se le acusaba -injustamente- a Jesucristo.
Por el otro lado y mientras el Ministerio Público se lavó las manos, de lo sucedido en la Operación Huracán, sus fiscales sí habían sido cómplices, instigadores o encubridores de los delitos que se investigaban, pero no les pasó nada y no es que uno quiera que los enjuicien, los investiguen o los condenen. Lo único que uno exige, es que se les trate como a todos.
No que se tapen los unos a los otros, porque aquí un error de ellos, los fiscales, se paga caro. Gente va presa, personas y familias ven truncada su vida, sus errores los debe pagar alguien, ya que no son simples equivocaciones.


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