La crisis de la basura en la Araucanía y la falta de políticas de Estado para solucionarlo

Opinión 28 de febrero de 2019 Por
WALDO ARMSTRONG
WALDO ARMSTRONG

Chile, genera casi 17 millones de toneladas de basura al año, estimándose que cada chileno produce más de 1 kilo de estos residuos al día. La cantidad varía principalmente según el estrato socioeconómico donde se genera la basura, es así como los estratos mas acomodados generan mas de un kilo de basura por persona al día y además, una mayor cantidad de residuos no biodegradables como plásticos, latas, vidrios, papeles y cartones entre otros. Por otra parte, los estratos de menores recursos generan menos de un kilo de basura al día, con una mayor cantidad de residuos biodegradables derivados del mayor uso de vegetales y utilización de insumos con menos envases de plástico desechables.

En la región de La Araucanía se producen más de 306 mil toneladas de basura al año, donde mas del 50% es trasladada a rellenos sanitarios ubicados en la región del Bío Bío. El caso de Temuco es uno de los más relevantes, ya que es la comuna que produce el 45% de los residuos sólidos (RS) de la región y que debido al cierre de su vertedero hace un par de años (vertedero Boyeco, que debió haberse cerrado muchos años antes), hoy envía el 100% de sus residuos fuera de la comuna. Cuando estaba abierto el vertedero de Boyeco la municipalidad de Temuco gastaba cada mes 150 millones de pesos y actualmente realiza una inversión de 400 millones de pesos mensuales, lo que anualmente da un resultado de 2.500 a 3.000 millones de pesos por el concepto de manejo y disposición de residuos sólidos.

Actualmente en la región de la Araucanía el 90% de los RS se deposita en vertederos, mientras que un 10% va a parar en  rellenos sanitarios. Para ser más específicos, de las 32 comunas 10 están llevando sus desechos hasta Los Ángeles, Mulchén y Cañete, debido a la falta de sitios para la disposición final de RS. De las 16 comunas que aún tienen un manejo directo de sus residuos sólidos en la región o reciben RS de otras comunas aledañas, solo 3 tienen relleno sanitario (manejo sanitario óptimo), el resto tienen vertederos (manejo sanitario básico) e incluso una cuenta con un basural (sin manejo sanitario). La Araucanía se encuentra entre las regiones que menos reciclan, con un índice de un 7% vs un 10% a nivel nacional, lo que comparados con países europeos como Suiza o Austria que reciclan el 52% y 47,9% de sus residuos respectivamente, nos deja un gran desafío por delante, ya que no solo estamos contaminando nuestro lugar de residencia, sino que además se está perdiendo dinero al botar “insumos” que tienen un valor para las empresas recicladoras.

Boyeco

A nivel mundial el reciclaje es una de las alternativas para la reducción de residuos sólidos. Según información publicada por la Red de Acción por los Derechos Ambientales (RADA), organización sin fines de lucro que busca velar por el buen cuidado del medio ambiente, la posibilidad de reducción del material de disposición final en nuestra región puede alcanzar el 84 %, ya que nuestra basura se compone principalmente de: papel y cartón 12,4%; plástico 9,4%; vidrio 6,6%; metales 2,3%; materia orgánica 53,3% y textiles 2%. Pero para lograr esta reducción a largo plazo se debe comenzar con la educación colectiva e implementar una legislación ambiental específica para que, de una u otra forma, se logre incluir voluntaria e involuntariamente a todos los actores involucrados.

Si bien existen instancias legales en Chile que buscan solucionar a largo plazo el problema de la basura, como la ley nº 20.920 publicada el 1 de junio de 2016, que es la ley de fomento al reciclaje y entre sus principales medidas crea la Responsabilidad Extendida del Productor (REP) que apunta a que todos los fabricantes de productos prioritarios como aceites lubricantes, aparatos eléctricos y electrónicos, baterías, pilas, envases y embalajes y neumáticos, se hagan cargo de forma obligatoria, en base a metas graduales, de un porcentaje de ellos para su reutilización, es uno de los tantos pasos que deben darse para comenzar a organizar un cambio en la cultura de los residuos en el país.

Una simple observación nos da una idea de lo mucho que impactaría un cambio de cultura frente al tema de disposición de residuos, ¿Cuántos patios de comida en malls o grandes tiendas tienen contenedores diferenciados por tipo de residuos (papel, latas, vidrios, plásticos, etc.)?, ¿Cuántos jardines, escuelas, liceos o centros de estudios superiores tienen contenedores diferenciados por tipo de residuo?, ¿Cuántas ciudades tienen recolección diferenciada de residuos?, ciertamente la respuesta a éstas preguntas es ninguna o muy pocas, ya que si bien cada vez existe un mayor número de iniciativas para implementar puntos de reciclaje, el grueso de la población es aún ignorante o apática respecto a la realidad que estamos viviendo hoy en día con el colapso de basura que, en resumidas cuentas, termina enterrada en distintos lugares de nuestro país.

Por la idiosincrasia de nuestro país es muy difícil cambiar conductas con el simple fomento o la educación, ya que estamos acostumbrados a que, de no existir una sanción, no hay razón para cambiar la forma de actuar o pensar. Esto se ha demostrado muchas veces, como por ejemplo con la reciente ley 21.020 sobre tenencia responsable de mascotas que, en base a la amenaza de multas o sanciones, se ha logrado cambiar obligadamente la responsabilidad de los propietarios de mascotas. Por lo tanto, es deber del estado, independiente del gobierno de turno, generar las políticas públicas para asegurar que los cambios se produzcan.

El cambio climático es innegable y se está produciendo ahora, incendios, sequías, desertificación, contaminación atmosférica, de las aguas y del suelo entre otros, ya no hay tiempo para esperar que la población genere una conciencia ambiental respecto a la segregación y disposición final de los residuos sólidos, es un problema crítico actual no solo en el mundo, sino que en nuestra región y ciudad. Finalmente es el Estado quien debe hacerse cargo, ya que el cambio cultural voluntario en nuestro país es casi una utopía, por tanto si éste no genera políticas públicas centradas en disminuir la generación de residuos sólidos fomentando, o mejor dicho obligando a separar los residuos sólidos en su origen, generando incentivos al reciclaje y con sanciones expresas a quienes no separen sus residuos (entre tantas otras alternativas) y apuntar a generar una educación ambiental sistemática desde la educación prebásica hasta la superior, estamos al borde de producir un daño irreparable al medio ambiente de nuestro planeta, que no solo pondrá en peligro la vida de especies silvestres, sino que a toda la vida en la tierra incluyendo la humanidad.

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