
Dirigente de los agricultores refuta al presidente de la SOFO: No somos rehenes de la lluvia
Equipo AraucaniaDiario
He leído el balance realizado por la SOFO en Campo Sureño, donde su presidente, Eduardo Renner, sostiene que el agro chileno se encuentra estancado por ser “rehén de la lluvia” y de la violencia rural. Ese diagnóstico, reiterado por el gremialismo tradicional, vuelve a quedarse en la superficie y elude deliberadamente el problema estructural que distorsiona todo el sistema productivo agrícola.
El problema de fondo no es únicamente la falta de embalses ni una eventual sobreoferta de trigo argentino. El verdadero factor que explica la inviabilidad económica del agro chileno tiene un nombre técnico preciso: oligopsonio.
En la práctica, miles de agricultores compiten entre sí para vender, mientras apenas tres o cuatro actores concentran la compra. Esta asimetría de poder no es una falla menor: es una distorsión grave del mercado, que permite el ejercicio sistemático de abuso de posición dominante, neutralizando cualquier señal de precios eficiente.
Cuando se instala el relato de que los volúmenes de trigo argentino “llegaron para quedarse”, se refuerza —consciente o inconscientemente— la narrativa funcional a la industria compradora. Esa “amenaza importadora” se utiliza como instrumento para desacoplar el precio interno del precio internacional, pagando al productor valores inferiores al costo de paridad de importación, sin sustento técnico ni económico. Esto no es libre mercado. Es extracción de renta bajo una estructura de mercado concentrada.
La misma lógica se repite en la leche y en múltiples cadenas agroalimentarias:
- El riesgo climático se traspasa íntegramente al productor.
- El alza de insumos se considera un problema “del agricultor”.
Pero cuando los precios internacionales suben, ese mayor valor no se transmite aguas arriba.
El resultado es un mercado donde el productor asume todos los riesgos y el comprador captura casi toda la rentabilidad. Bajo estas condiciones, no existe inversión, no existe innovación y, por cierto, no existe relevo generacional.
Por eso resulta insuficiente hablar de subsidios o de políticas públicas genéricas para “retener a los jóvenes en el campo”. Ningún joven se quedará en un sector donde el precio se fija unilateralmente, donde la rentabilidad es estructuralmente negativa y donde el esfuerzo productivo no tiene correlato económico.
Desde Agricultores Unidos planteamos con claridad: el debate no puede seguir centrado exclusivamente en infraestructura física. Los embalses, caminos o incentivos productivos son irrelevantes si operan sobre mercados capturados. Sin libre competencia real, cualquier inversión pública terminará fortaleciendo a quienes hoy controlan el poder de compra.
Chile no necesita más diagnósticos cómodos. Necesita mercados transparentes, reglas simétricas y una aplicación efectiva del derecho de competencia. Sin eso, el agro no está estancado por la lluvia: está estrangulado por el abuso de poder económico. Basta de diagnósticos a medias. El problema real es la concentración y el abuso de quienes compran nuestra producción.


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