
Escaños reservados, avanzando hacia el buen vivir
Yuliana MontielEn el año 1931, el entonces líder mapuche Venancio Coñoepan le manifestaba directamente a don Arturo Alessandri Palma la necesidad de que existiera una mayor representación de indígenas en el parlamento, (un quinto es lo que se proponía en aquella época). Lo anterior, como única manera de que sus demandas fueran oídas y realizadas.
Los líderes mapuches de la época apreciaban la importancia de la institucionalidad y la democracia, en consecuencia abogaban por mayor participación e inclusión en la toma de decisiones.
La gran Ruka llamada Chile, no podía dejar fuera a quienes formaban parte de sus raíces o aquellos que le habían impregnado su historia e identidad.
El día 14 de diciembre el Wallmapu era testigo de un Eclipse Solar o Lan Antü, que desde la perspectiva o cosmovisión mapuche representa la muerte del sol o la muerte de un ciclo, lo que permite dejar atrás concepciones vetustas o cansinas y, al mismo tiempo, el Lan Antü, conlleva de manera implícita la idea del nacimiento de un nuevo sol, lo que trae aparejado cambios importantes para el mundo mapuche.
Dentro de los cambios trascendentales, el día 15 de diciembre del 2020, el parlamento culmina un largo proceso de discusión legislativa y, aprueba un proyecto que considera 17 escaños reservados para los pueblos indígenas en el proceso denominado convención constituyente, de esos 17 escaños, siete están considerados para el pueblo mapuche.
Este hito histórico que ha nacido con el nuevo sol, representa no solo la renovación de la política, sino que es de una relevancia crucial para la democracia y garantiza un diálogo sincero basado en el respeto y la no discriminación.
Chile y su democracia merecen una oportunidad para escribir la nueva carta fundamental, en donde uno de los principios que orientan la acción social, económica, cultural y política de los pueblos indígenas es el buen vivir o kume mongen, también llamado Sumak kawsay en quechua o suma qamaña en aimara.
En tal sentido, dicho valor supremo puede otorgar el sustento necesario a una nueva relación entre el Estado y los Pueblos Indígenas, dejando atrás visiones asistencialistas que solo han generado pobreza, dependencia y frustración.
Finalmente, el sueño de nuestros antepasados logra materializarse en la realidad, y se convierte en un reconocimiento a los que lucharon incansablemente por la tierra, la justicia y la dignidad del pueblo mapuche y, los restantes pueblos originarios de nuestro país.



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